Perorrubio

 El asentamiento en la tierra castellana sepulvedana de gentes dedicadas a la agricultura y a la ganadería, hace necesaria la instauración de unos marcos eclesiásticos acordes con la nueva estructura de la sociedad. Así pues, se observa que cede el predominio del monasterio, posiblemente por oposición latente del concejo, temeroso de perder su tierra y autoridad con la presencia y actuación de monjes y abadías, y se impone, en cambio, la organización en obispados y parroquias. De ahí, la proliferación de templos en el alfoz de la Villa de Sepúlveda.

La iglesia románica de Perorrubio forma parte de uno de estos templos que fue testigo elocuente de la ocupación de aquellos años medievales. Mantiene todavía su primitiva estructura, aunque la adición posterior de la torre, un baptisterio y el cerramiento del pórtico alteran en cierta medida su forma original.

 

El pórtico nos ofrece un bello conjunto de capiteles florales cuya ejecución nos recuerda la temática vegetal del ábside de Sotillo. La afinidad se centra en aquellos capiteles de los vanos del ábside cuya técnica se nos ofrece más suelta y cuidada y que quizá revela al maestro de la obra. 

 

La puerta de entrada al pórtico de doble arquivolta que descansan sobre pilastras, así como los arcos de medio punto enjarjados están decorados con molduras cóncavas y convexas. Sin embargo, la de la entrada al templo mantiene la estructura y la simplicidad habitual del románico segoviano de tres arquivoltas; los arcos alternan arista viva y bocel, y sólo el central abocelado voltea sobre columnas y capiteles.

 

Los capiteles vienen a demostrar temas y fórmulas de cincel repetidos y esparcidos por los artífices del taller de Duratón. En la representación de una pareja de figuras masculinas, parece representar a dignatarios civiles o eclesiásticos con amplias vestimentas, aunque el deterioro de la piedra no permite diferenciarlos suficientemente. También se puede divisar un capitel de grifos que a su vez es idéntico al de la puerta meridional de Duratón. Los animales, en parejas afrontadas y contrapuestas, apoyan sus patas delanteras en gruesos tallos que después también entrelazarán sus cuerpos. Los ábacos de los capiteles presentan adornos de roleos y hojas que son de factura muy parecida a los de Duratón.

 

Rosario Santamaría

Doctora en Historia del Arte

 

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